Pequeño resplandor
15 de noviembre de 2014 Me pasa siempre. Cuando estoy con alguien que me gusta me pierdo en él. El sitio, el paisaje, la ciudad entera desaparecen. De repente no recuerdo nada acerca del entorno. Salimos del bar y caminamos en la madrugada con una intención disimulada de prolongar el tiempo juntos. No tengo conciencia de cada momento que pasamos por aquel camino que casi me sé de memoria. Solo tengo en mente aquellos instantes en que su andar veloz me sobrepasaba y cuando se daba cuenta, sin decir nada, me tomaba de la mano para llevarme a su paso. No puedo recordar si llegamos a cruzarnos con alguna persona o si transitó algún auto durante el trayecto, si pasamos a través de calles oscuras y peligrosas sin advertirlo, o si era muy tarde o muy temprano. Tampoco recuerdo detalles sobre todo lo que platicamos. Debe ser que me emociono rápidamente ante esas ocasiones prometedoras o tan sólo que la noche siempre es una perfecta cómplice en estos casos. En un afán de hacer lo ...
